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Y ya no salen peces morados a la plaza, banderas blancas, pantalones de campana, no salen listas abiertas, ni risas, ni tus manos en alto. Y aún así lo llamamos democracia. No sale mayo a cantar al alba, y la libertad pasea por las furgonetas de campañas electorales. Pasea esposada. No grita la rebeldía, el inconformismo se calla, y nos tapan los ojos con folletos de propaganda. Y aún así lo llamamos democracia. Se rompen las urnas y estalla el metacrilato, cada vez menos gente pide la palabra, pero los que somos cantamos en alto, gritamos y buscamos en cuerpos de otro la palabra democracia. Por todo el bien que me ha hecho oír esta mañana poesía. Oir a Luis García Montero y a Llamazares, y oir la esperanza de los que aún creemos que las cosas se pueden cambiar.
Debajo de los adoquines está la playa (Mayo del 68) |
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